DIARIO EL PAIS, MADRID

Domingo, 9 de junio de 2002

El parque del Sureste recibe miles de toneladas de vertidos de tierras de las obras del 'metrosur'

Los partidos de la oposición califican la situación de esta zona verde de 'crimen ecológico'

Un paseante, el jueves, encima de una balsa de lodos
cuarteada en el parque del Sureste.
( SANTI BURGOS )

 

A. JIMÉNEZ BARCA | Madrid

Una de las entradas del parque del Sureste, declarado espacio protegido en 1994 por la Comunidad de Madrid, cuenta con dos carteles. Uno dice: 'Bienvenido al parque del Sureste', al lado del dibujo de un pajarito de colores. El otro, situado debajo del primero, hecho de cartón, pintado a mano, reza: 'Vertedero la Aldehuela, sólo tierras. Horario: laborables de 7.30 a 19.30'. Desde hace varios meses -los visitantes habituales aseguran que al menos un año- los camiones que sacan las toneladas de tierra de las obras del metrosur las descargan en este espacio protegido. Miles de toneladas que convierten un paisaje forestal en un descampado lunar lleno de jorobas de varios colores (marrón oscuro, acre, negro) que amenaza a varias especies de aves protegidas que anidan en este parque. Los camiones no sólo transportan tierras. Al amparo de las obras del metrosur, esta zona verde de 24.000 hectáreas que discurre por los cursos bajos de los ríos Manzanares y Jarama, también recibe otros visitantes: volquetes de escombros, de ladrillos, de asfalto troceado y arrojado en pegotes.

Alberto Carreño, vecino de la zona y miembro de una asociación ecologista, asegura haber visto hasta tres camiones de desatranco (lo que sale cuando se absorbe el material que atasca una alcantarilla). En una laguna artificial, que ha sido poblada por zambullines y pochas de agua y otras aves difíciles de contemplar y muy apreciadas por los especialistas, hay un nido de lavadoras, de ruedas viejas, de plásticos... de basura. 'Esto es el parque que nadie quiere, abandonado por todos. Cerca de Getafe, de las poblaciones del sur. Podría ser el gran espacio natural de todos estos municipios, pero lo están dejando morir', asegura Enrique Díez, un ecologista.

Ignacio López-Galiacho, director general de Calidad y Evaluación Ambiental de la Comunidad, asegura que las empresas que vierten tierras en el parque 'tienen permiso'. 'Pero sólo los que echan tierras', añade. La Consejería de Medio Ambiente es consciente de que ese parque, además de recibir la arena extraída de las obras del metrosur, está siendo objeto de otros ultrajes. Por eso ha ordenado abrir una investigación que aclare los otros vertidos: 'Esos otros están absolutamente prohibidos y se va a investigar a fondo. Verter de forma incontrolada acarrea una sanción y, posiblemente, el cierre de ese vertedero'. La oposición (PSOE e IU) considera estas medidas insuficientes.

Alberto Carreño, David Valentín y Jesús Serrano son aficionados a las aves y a la fotografía. Reconocen de lejos al halcón peregrino, a la garza real y al abejarruco. Y están dispuestos a defender su parque, el del Sureste. Han formado, entre los tres, la que han bautizado como 'miniplataforma sureste vivo', encargada de velar por el futuro de esa zona verde. Desde hace tiempo, los tres han comprobado cómo en varias lagunas, formadas hace decenas de años en grandes hoyos fruto de extracciones mineras, se han formado colonias de zampullines o pochas de agua. Y desde hace meses ven cómo la marea de tierra que viaja en volquetes procedente del metrosur cada vez está más cerca de estas charcas.

El jueves, en medio de una tromba de agua, Valentín y Carreño certificaron que en una de esas lagunas ya se había empezado a descargar arena. 'Ahora es época de cría. Deberían dejarlas en paz', denuncia Valentín. Es cierto. Ese día, a la vista de los hombres, las pochas de agua se refugiaron de un salto en un juncal. Sus crías, más despacio, nadaron trabajosamente hasta donde se escondían sus padres. A unos centenares de metros de estas charcas existe una colonia de cernícalo primilla, un ave en peligro de extinción que, aunque no se ve amenazada por el mar de arena que cubre el parque, sí nota en su estómago el estrago: su zona de campeo, esto es, los lugares en los que caza, están ya llenos de tierra, muertos. 'Cada vez dispone de menos espacio para comer, así que acabará yéndose', explica Valentín.

 

La Comunidad asegura que a partir de septiembre empezará la reforestación

López-Galiacho asegura que la arena del metrosur no significa ningún peligro para la supervivencia del parque. Al contrario. A juicio del director general de Calidad Ambiental, 'cuando se acaben los vertidos, comenzará la repoblación'. 'Y todo va a quedar como los chorros del oro, porque a eso se ha comprometido la empresa que lleva a cabo los transportes y los depósitos de arena'. López-Galiacho, aun así, anuncia que Medio Ambiente va a abrir un expediente para controlar los vertidos. El director general, además, recuerda que buena parte del terreno del parque se asienta sobre antiguas graveras que dañaron el terreno de forma considerable, convirtiéndolo en un océano lleno de cráteres. 'Y para rellenar esos agujeros viene bien la arena del metrosur', explica.

Con respecto a las lagunas, López-Galiacho también lo tiene claro: 'Ninguna de esas lagunas es un humedal catalogado. Son charcas artificiales que ponen en peligro el caudal de los ríos por la cantidad de agua que se evapora', añade el director general.

Los ecologistas replican que no hace falta enterrar todas las lagunas -hay al menos tres- y, aunque fuera necesario, se debería llevar a cabo con el necesario control para no perjudicar a las aves en periodo de cría. 'Las aves no saben si una laguna está catalogada en el registro de la Comunidad. Simplemente, van y se posan donde hay condiciones para hacerlo', señala Carreño.

El jueves, estos tres defensores de las aves del parque del Sureste, y tres amigos más, se subieron en una lancha de lodos que, debido a la fenomenal tormenta de agua que les cayó encima, no olía demasiado mal. El lodo se había petrificado, tomando la consistencia del yeso, cuarteándose en terrones de un metro cúbico de volumen. 'Que no me digan a mí que esto va a quedar después como los chorros del oro, porque no hay nadie que se lo crea', decía uno de ellos pegando saltos de uno a otro terrón.El volumen de tierras que se está vertiendo en el parque del Sureste es inmenso: seis millones de metros cúbicos en total. Esto es, lo suficiente como para llenar un campo de fútbol de tierra hasta los 600 metros de altura. López-Galiacho asegura que pronto se terminará el vertido y que en septiembre 'se comenzará a repoblar'.

Julio Setién, diputado de IU, asegura que el parque del Sureste 'no es el lugar apropiado para echar las tierras del metrosur'. Para el parlamentario regional, 'una cosa es llenar los agujeros de las graveras y otro dejar que las empresas que vierten hagan de su capa un sayo y se carguen el parque'. Setién añade que algunas lagunas, 'aunque no estén catalogadas', se deben conservar. 'Es algo que se debe estudiar y, si hace falta catalogarlas, pues se hace. Lo que no se puede hacer es dejar que se vierta tal volumen de tierras sin control y sin plan', añadió.

Francisco Garrido, diputado del PSOE, sostiene que los vertidos de tierras y de escombros en el parque del Sureste constituyen 'un crimen ecológico'. 'Según la ley, sólo pueden rellenar agujeros, pero, por lo que denuncian estos ecologistas, aquí están yendo mucho más allá', dice.

Setién agrega que si la Consejería de Medio Ambiente 'no toma medidas en los próximos días encaminadas a controlar cómo, dónde y de qué manera se vierten las tierras', acudirá al fiscal de Medio Ambiente de Madrid, Emilio Valerio, 'a denunciar formalmente el asunto'.

 

En una laguna habita un zorro que pronto verá enterrada su madriguera

Los vertidos no son el único problema que padece este parque. Cerca de la entrada a la Aldehuela hay una pista roturada por la que parece que han pasado centenares de tractores a la carrera. No son tractores. 'Los fines de semana aquí se montan unas competiciones de motocross que no veas. Y nadie les dice nada. Y esto, querámoslo o no, es un parque regional que tiene sus normas. Y una de ellas, claro está, es impedir que las motos vayan por aquí', explica uno de los ecologistas. López-Galiacho replica que las pistas furtivas de motocross no son privativas del parque del Sureste. 'También en el de Guadarrama o en la sierra norte se producen. Los perseguimos, pero no damos abasto', se justifica. Otra de las normas que rigen en los parques regionales es la que prohíbe a las personas tomar fotos a menos de 200 metros de las aves. 'Sí. Nosotros no podemos acercanos a 200 metros para tirar una foto, y un camión de éstos sí que puede llegar aquí y echar toda la tierra que quiera encima de sus nidos', se queja Serrano.

La avalancha de tierra no para. Carreño, Valentín y Serrano descubrieron hace poco que cerca de una de las lagunas artificiales amenzadas por la arena habita un zorro que pronto se encontrará con su madriguera completamente enterrada. 'Igual pasa con los abejarrucos, que han tenido que hacer los nidos en condiciones infernales, muy pegados al suelo, y que lo van a tener muy difícil este año para sacar adelante sus crías. Se las van a comer las serpientes o las van a pisar los camiones', se lamentan.

El jueves, los tres buscaron un mochuelo que solía posarse siempre en la misma peña al atardecer, como si le gustase contemplar el crepúsculo. No lo vieron ya. A lo mejor no lo ven más.

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