AGRICULTURA, INGENIERÍA GENÉTICA
Y MEDIO AMBIENTE

(Pepe de la Rubia)

 

La ingeniería genética, tal como se está aplicando hoy en día a la producción de alimentos resistentes a los potentes plaguicidas, por las grandes compañías químico-farmacéuticas, que acaparan paulatinamente el mercado de la agroalimentación, supone un auténtico peligro para la salud de las personas, caso de ingerir alimentos con la estructura genética modificada, puesto que esta alteración, es aprovechada, en las fase de producción, para saturar aun más a la planta de potentes pesticidas, que ingerimos nosotros en parte, que inevitablemente también terminan contaminando el suelo y las aguas.

Las protestas, populares o científicas, en todo el mundo se suceden. Por contra, la ingeniería genética avanza, imponiendo sus criterios sobre nosotros, sin información alguna al consumidor. Se está "colocando" adrede en el mercado, en la cesta de la compra, una diversidad de productos de consumo cotidiano que nos convierte a todos en meros cobayas, espectadores pasivos de tamaño experimento colectivo.

El mismo príncipe Carlos de Inglaterra ha dado, abiertamente, su apoyo a un grupo de presión de agricultores ingleses, en contra de la ingeniería genética. En Inglaterra parece que existe una cadena de 8 supermercados que venden alimentos manipulados genéticamente. El príncipe ha manifestado que debería plantearse si son éticos, además de sanos, estos productos alterados genéticamente, saturados de pesticidas: "pienso que esta tecnología es tan nueva y poderosa, con tanto futuro por conocer, a tan largo plazo, que se debería plantear primero un debate ético", afirma.

Las grandes compañías, multinacionales de la agroalimentación, se están aliando a toda prisa, para mantener así a la opinión pública ajena al problema que puede suscitarse, esperemos sensatamente que pronto. Se preparan para el día en que la opinión pública comience a despertar, a exigir información sobre lo que compra y las consecuencias para su salud de los alimentos que ingiere cada día.

Los Medios de "Comunicación"? Social, a propósito, ignoran sistemáticamente en sus mensajes, las movilizaciones en contra del avance, impuesto, de la ingeniería genética, que se están llevando a cabo en todo el mundo. Son vigilados -los medios- estrechamente y ostigados por las grandes compañías financieras, cuando no totalmente controlados. Mientras los gobiernos tardan en reaccionar, los ciudadanos ya compramos los productos. ¿Donde está el barco de soja que se descargó en el puerto de Barcelona? A buen seguro que en el desayuno de esta mañana: la lecitina de las galletas, los componentes de los postres,... en los mismos helados.

El doctor Patric refleja en una entrevista para la BBC Internet New del 25 de Febrero pasado, su alarma ante la pasividad de los consumidores ante la magnitud y el alcance de la experimentación de modificación genética que está sufriendo la agricultura y la producción de alimentos. Comenta: "los consumidores deberían estar aterrados ante la perspectiva de formar parte de un experimento colectivo de ingeniería genética, aplicado a la cotidianeidad de los ciudadanos mediante su alimentación, sin ninguna garantía de resultados seguros". Efectivamente, ¿quién puede garantizarnos salubridad en estos momentos, con los alimentos modificados genéticamente?

De todos los caminos posibles para intentar alcanzar un mundo mejor, las empresas multinacionales de la agroalimentación, optan por el desarrollo de un modelo no todavía experimentado, pernicioso a su vez con la salud y el medio ambiente. Prima sólo el máximo beneficio económico, como siempre, a muy corto plazo además. Las principales multinacionales han elegido la promoción y utilización sistemática de la ingeniería genética, aplicada a la producción masiva de alimentos, que resistentes a determinados productos químicos, también producidos por ellos mismos, les supone unos beneficios extraordinarios, de miles de millones de dólares al año. La salud una vez más de las personas al ingerir los alimentos, con un 50 o 100% más de acumulación de residuos químicos y agua, no parece importarles en absoluto. La diversidad en el planeta tampoco.

Como negocio suculento, funciona a la perfección la alianza químico-farmacéutica-agroalimentaria, muy a nuestro pesar. Tal y como se está desarrollando en la actualidad, hay muchos riesgos incalificables con la manipulación genética. Más todavía desde el momento en que los agricultores no la necesitan, produciendo en cambio sí un serio inconveniente, para el desarrollo de una agricultura sostenible y también, de nuevo, un menoscabo general de la biodiversidad.

Pepe de la Rubia

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