Tremor de Arriba es una población minera
situada al noroeste del Bierzo (en la provincia de León), que desde hace mas de
veinte años sufre la atrocidad de ver desaparecer sus mejores tierras bajo la
maquinaria que saca de los cielos abiertos un carbón fácil con el que los
empresarios mineros trafican para componer los cupos de producción que los
sucesivos gobiernos de Madrid les conceden.
Al principio, los empresarios
explotadores de los cielos abiertos se valían de las técnicas más rudimentarias
para comprar las fincas a sus propietarios. Si se trataba de particulares, valía
todo. Se empezaba por una oferta de quince pesetas el metro cuadrado, y si no se
conseguía el objetivo, se pasaba a las coacciones: que si no vendes va a ser
peor, que te lo van a expropiar y no te van a pagar nada... Los más reacios
llegaban a conseguir que les pagaran hasta cincuenta pesetas el metro cuadrado.
En estos tiempos que corren ya pagan hasta doscientas m2. a según
quien.
Si el terreno a explotar era comunal, la empresa ofrecía a la
Junta Vecinal un campo de fútbol, una piscina, un camino, una traída de agua
nueva (desde que en los años sesenta se hizo la primera, hasta el año '97 en que
se acabó la última se han hecho cuatro) y quien sabe cuantas más cosas que las
gentes del lugar no sabemos porque el sucesor del alcalde franquista del
ayuntamiento de Igüeña, del cual es pedanía Tremor de Arriba, eliminó los
concejos por decreto y desde entonces gobierna a sus "anchas". Digo que la
empresa ofrecía, porque a la hora de la verdad acostumbraba a ser un engaño para
a empezar a destrozar la tierra; y después, con la amenaza de dejarlo todo patas
arriba si no se accedía a sus condiciones, las ofertas quedaban en eso... o en
el mejor de los casos se cumplía con lo prometido pero sólo para cubrir el
expediente, de manera que las obras se hacían con materiales obsoletos o sin
proyectos serios, no siendo raro que en algún caso tuvieran que ser acabadas a
cargo a las arcas de la junta vecinal o... con la concesión de otros cielos
abiertos para compensar el exceso de presupuesto (como en el caso de las
piscinas).
De esta manera, y con la colaboración del mismo alcalde del
ayuntamiento de Igüeña, y de los miembros de las sucesivas juntas vecinales del
pueblo, se han convertido en desierto fuentes y tierras fértiles a lo largo de
estos últimos veinte años. Nueve cielos abiertos están dejando en tierra yerma
los mejores parajes destinados a la siembra de centeno y patatas, así como
montes y lugares destinados al pasto de ganado y producción de leña.
No
exagero. Estáis invitados a daros una vuelta por aquí para comprobar el
desastre, incluido el simulacro de restauraciones que se ha llevado a cabo en
alguno de ellos.
Las empresas van a lo suyo: Prometen (vete a saber lo
que prometen puesto que los transmisores de las promesas -los alcaldes- se han
sacudido todo tipo de control encontrando un rincón en la legislación por donde
defenestrar la responsabilidad de responder ante el concejo), no cumplen sus
promesas o lo hacen de aquella manera, desfarrapan la tierra, sacan el carbón,
hacen sus trapicheos con las térmicas, y se van dejando tras de sí paisajes
desolados y muertos. Y en el pueblo, los que vendieron quedan con cuatro
perrucas más, abocadas a evaporarse por los efectos de la inflación, y los que
se resistieron sufren con amargura cómo queda todo.
¿Y los responsables de la protección al Medio Ambiente, de los robledales y de las aguas?
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LA INVITACIÓN A QUE NOS VISITEIS SIGUE VIGENTE. Venid a sufrir en directo lo que a los turistas de aquí a dos mil años les venderán como Las Médulas del Bierzo Alto, ¡o peor!.
Pasen y vean, pasen y vean...